Una pausa en la vida
Actualizado: 12 may
A veces uno no quiere morirse. Quiere desaparecer un rato. Salir de su propio ruido, sentarse lejos de sí mismo y mirar desde afuera todo eso que por dentro parece incendio. No para abandonarlo todo, sino para entender qué parte de uno sigue ardiendo y cuál todavía puede salvarse.
Si no entiendo la mitad de la vida, ¿cómo voy a entender la eternidad de la muerte? Por eso, lo que necesito ahora no es una muerte que me reconcilie, sino una pausa en la vida.
No quiero que se detenga mi tiempo, ni mi sed, ni mi tacto, ni mis problemas, n; quiero apenas un respiro, sentir el aire de un sitio donde no tenga que encontrarme conmigo mismo.
Un terreno neutral, una especie de sala de espera del alma donde el silencio no sea un reproche, sino un indulto. Un lugar sin espejos, donde mi nombre no signifique nada y el pasado sea solo un paisaje lejano que se mira a través de un cristal empañado.
Porque cansa vivir con uno encima. Cansa llevar el cuerpo, la memoria, las decisiones tomadas y las que nunca se tuvo el valor de tomar. Cansa fingir que todo sigue andando con normalidad cuando por dentro hay días en que avanzamos arrastrándonos.
No busco la muerte, porque ahora mismo no la necesito. Tampoco busco otra vida, porque todavía no he terminado esta. Pero es en ese cansancio donde uno empieza a confundir las cosas. Cree que quiere otra vida, cuando en realidad solo quiere descansar de esta. Cree que quiere desaparecer, cuando tal vez solo necesita dejar de pelear consigo mismo durante unos minutos.
Un sitio donde el pecho no tenga que defenderse de nada. Donde el latido sea solo un latido, y no una cuenta regresiva.
Es valioso aprender a distinguir entre lo que debe morir y lo que todavía puede salvarse. Dejar morir ciertas culpas, ciertas versiones de uno, ciertos dolores que confundimos con identidad. Porque no todo lo que muere nos destruye; algunas cosas tienen que morir para que podamos seguir respirando.
Solo quiero encontrar los momentos en que sigo vivo, mientras dejo morir aquellos en los que ya no soy yo mismo.
No quiero que alguien me salve. Quiero volver a habitarme sin sentir que regreso a una casa incendiada. Encontrar, dentro de mí, un lugar donde todavía valga la pena quedarse. Sin versiones. Sin prejuicios. Sin condiciones. Solo el peso exacto de mi cuerpo descansando sobre su propia sombra.


















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