El tiradero que dejaste
Vida, deberíamos repetir lo del otro día. No sé bien qué hicimos con las horas, pero todavía hay algo tuyo en los muebles, en el silencio, en la forma torpe en que la tarde se quedó mirando desde la ventana. Y yo sigo encontrando pretextos para no tocar nada.
Vida, te has dejado olvidada en este lugar. Hay restos de ti por todo este sitio; parece que todavía estuvieras aquí. Estoy juntando las palabras que dijiste, los ecos de tu voz por toda la habitación, las migajas del tiempo que estuvimos aquí y de todo lo que hicimos con ese tiempo.
Vida, ¿por qué me has dejado el tiradero? No sé por dónde empezar a juntar lo que quedó de nosotros. Debí pedirte, con la mano en el pecho, que cada vez que te fueras de mí no te fueras entera; que me dejaras algo que no supiera nombrar: una tontería, una sombra, una forma distinta de mirar la casa. Me hubiera gustado que fuéramos de esos amores que no terminan cuando se van; me hubiera gustado que aprendiéramos a quedarnos de otro modo.


















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