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Siluetas en el espejo

4 sept
2 min de lectura

Actualizado: 23 sept

Hombre de espaldas frente a un espejo antiguo donde aparecen distintas siluetas de sí mismo, representando sus versiones pasadas y su supervivencia interior.

El espejo no me devolvió la cara.

En su lugar aparecieron otros.

Vi al que fui cuando creía tenerlo todo. El que caminaba como si la vida le debiera algo. El que se creyó más importante de lo que realmente era. Estaba el que se arrastró por no tener nada y el que confundió el deseo con destino.

Vi al que se sentó en el Olimpo. Inflado de orgullo, convencido de que finalmente había entendido la vida, juzgando desde arriba a quienes todavía seguían tropezando.

También estaba el otro. El que terminó de rodillas. Perdido en una banqueta. Con la dignidad hecha mierda y demasiadas preguntas para alguien que en unas horas tenía que cambiar la vida.

Los vi a todos.

Al cobarde.

Al imbécil.

Al que lastimó a otros y después encontró razones para perdonarse.

Al que juró que jamás volvería a cometer el mismo error y, cuando tuvo oportunidad, corrió directo hacia él.

Al que se quedó demasiado tiempo.

Al que huyó demasiado pronto.

Al que hizo reír a todos mientras se estaba pudriendo por dentro.

Los mejores.

Los deformes.

Los incompletos.

Todos estaban ahí, mirándome como si vinieran a cobrar una deuda.

Quise saber cuál de ellos era yo.

Entonces encendí la luz.

No vi fantasmas.

No vi recuerdos.

Solo estaba yo.

Con la misma cara.

Las mismas manos.

Y todas esas vidas todavía metidas debajo de la piel. Todos habían usado mi nombre.

Todos me habían visto llorar.

Todos habían tomado decisiones que todavía cargo.

Y, de una forma bastante miserable, todos hicieron lo que pudieron para llegar hasta aquí.

Pero el espejo no me estaba devolviendo el pasado.

Me estaba mostrando al único cabrón que sobrevivió a todos ellos.


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