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El cruel oficio de seguir siendo el mismo

15 may
1 min de lectura

Actualizado: 16 may


Discúlpeme, yo no puedo solucionarle sus problemas. No me pida que resuelva algo que no sean mis crucigramas, mi insomnio o mi cordura. Son cosas que a usted no le importan, pero que a mí me mantienen ocupado en este cruel oficio de seguir siendo el mismo. Para lo suyo no encuentro soluciones; apenas me alcanzan las palabras, el vino y la demencia para ordenar un poco mis propios desastres.

Soy capaz de escucharle, si quiere, pero no me pida consejo. Déjeme aprovechar este breve momento de gracia y lucidez que me ha dado el cielo nublado para enfrentar lo que nunca he podido resolver en mi vida.

No puedo distraerme en asuntos ajenos. Necesito invertir este instante en despejar una incógnita. Estoy enfocando todo a una sola causa, a un solo motivo, porque si no es hoy, quizá nunca entienda con quién hablo cuando hablo conmigo.

Habitación antigua con una silla frente a un espejo, papeles, crucigrama y copa de vino, evocando introspección, soledad y diálogo interior.

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