Lunes, otra vez
Actualizado: 23 sept

Ricardo se dio cuenta de que algo andaba mal cuando el despertador sonó a las seis de la mañana. Él solo se levantaba a esa hora los lunes, pero el lunes había sido ayer.
Miró su celular: lunes.
Estaba seguro porque había pagado la luz y en la fonda donde comía todos los días solo servían milanesa los lunes. Ayer se había comido una.
Prendió la televisión: lunes.
Abrió Facebook. Su tía Lolita había vuelto a publicar:
“Excelente inicio de semana. Dios los bendiga 🙏”.
Ahí confirmó la tragedia.
Salió a la calle y encontró al mismo señor barriendo la banqueta, al mismo camión echando humo y al mismo muchacho corriendo detrás de la ruta 380.
Solo había algo diferente. Ayer había hecho un solazo. Esa mañana el cielo estaba nublado.
Su jefe lo llamó.
—Ricardo, necesito el reporte hoy.
—Ya se lo entregué ayer.
—¿Ayer domingo?
Ricardo decidió no explicar.
Al mediodía fue a la fonda.
—¿Qué hay de comer?
—Milanesas.
—¿No tienen otra cosa?
—No, nos surten producto los martes.
Por la tarde recordó que la noche anterior había perdido cien pesos apostándole a un equipo de fútbol.
Abrió la aplicación y puso quinientos al equipo contrario.
A las ocho comenzó el partido.
A las ocho con diecisiete empezó a llover.
A las ocho con cuarenta lo suspendieron por tormenta.
Reanudaron a las nueve y media. El goleador de ayer se resbaló en un charco y salió lesionado. El partido quedó cero a cero.
Perdió la apuesta.
Ricardo ya no entendía nada. Estaba nervioso, enojado y desesperado porque no tenía forma de saber qué demonios iba a pasar mañana.
A las once cincuenta y nueve miró el reloj.
Cincuenta y siete… cincuenta y ocho… cincuenta y nueve…
Martes.
Ricardo respiró aliviado.
Entonces llegó una notificación del banco:
“Su pago venció ayer”.

















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