Eso pasó mañana
Actualizado: 26 sept

Jorgito tenía diez años cuando empezó a pedir perdón por cosas que todavía no había
hecho.
El sábado por la noche se acercó a su mamá.
—Amá, perdón, rompí la maceta.
—¿Cuál maceta?
Jorgito señaló la de las escaleras.
—Esa.
Su mamá la revisó. Estaba entera.
—No está rota.
—Pero la rompí mañana.
Su mamá pensó que estaba loco. Pero para seguirle el juego, puso la maceta en la azotea.
Por la tarde del domingo, Jorgito tiró un balonazo desde la calle y tumbó la maceta.
—Te dije, amá —dijo Jorgito.
Desde entonces empezó a comportarse raro.
Una noche rechazó las albóndigas.
—Amá, me van a caer mal mañana.
—No quiero pretextos, acábatelas.
Al siguiente día tuvo diarrea.
Otro día escondió el control de la televisión.
—¿Por qué lo estás escondiendo?
—Porque mañana mi papá se enoja buscando el control.
—Pues si no lo escondes, no se enoja.
Jorgito se quedó pensando.
—Ah. Es verdad.
Lo regresó a la mesa.
Al día siguiente, su papá pasó veinte minutos buscándolo porque su mamá lo había guardado en un cajón para que Jorgito no lo escondiera.
—¡¿Quién chingados movió el control?!
Jorgito levantó las cejas.
—Te dije, amá.
Lo preocupante llegó un lunes.
Durante la cena, Jorgito empezó a llorar.
—¿Qué tienes, mijo?
—Que mañana me vas a castigar, ma.
—¿Por qué?
—Por lo de la ventana.
Su mamá volteó hacia la sala.
—¿Qué ventana?
Jorgito se limpió los ojos.
—Todavía no sé.
A la mañana siguiente, su mamá lo mandó a la escuela con solo una regla:
—No te acerques a ninguna ventana.
Jorgito regresó a las dos.
—¿Todo bien?
—Sí.
Su mamá respiró.
Jorgito dejó la mochila.
—Pero la maestra dice que pasado mañana tienes que ir a hablar con ella.
—¿Por qué?
—No sé, amá, eso pasó mañana.

















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